Hoy, hace un rato, a una compañera del grupo de las once le robaron el celular. No había nadie más que nosotras viente, veinte docentes. Hablamos durante 40 minutos, nos miramos las caras y buscamos alternativas. Pero, al final, una compañera volvió a su casa sin celular.
Como docente a cargo se trata de una situación muy difícil de digerir, porque en el aula pasó algo que no sólo es poco ético sino que constituye un delito y con eso algo hay que hacer. Pero también es cierto que hay límites, que llamar a la policía no es una opción y revisar bolsos compulsivamente tampoco. Es muy complicado.
Como alumno, también es difícil. Porque de repente uno se encuentra en una situación en la que no esperaba estar, desconfiando de la gente que tenemos alrededor y con la que hasta el momento estábamos trabajando y compartiendo experiencias. Porque nos tienta aplicar los prejuicios donde los prejuicios ya estaban, porque no entendemos nada, porque tenemos bronca y tristeza (en cualquier orden y en igual proporción).
Creo que la peor de las perspectivas es pensar el tema como compañeros. Porque quien se llevó lo que no era suyo es un compañero de curso y un docente igual que nosotros. Porque sabemos que todas las situaciones son oportunidades de aprendizaje, pero aprender a mirar de reojo al prójimo y al compañero es una enseñanza con la que es muy difícil, agotador y penoso vivir.
Creo que lo que nos queda por hacer es demostrarle a Jimena y a los demás que no todos somos iguales. Que no nos da lo mismo si su celular falta o no, si aparece o no. No se bien como hacerlo, pero creo que hay que. Así que los invito a opinar sobre estas dos preguntas, que paso en limpio:
1 ¿Qué hubieran hecho Uds. si les hubiera tocado ser el docente a cargo? ¿Qué les parece que tendría o que podría haber hecho este mediodía?
2. ¿Qué podemos hacer para remediar de alguna manera la situación? ¿cómo seguimos desde acá?
Les mando un beso a todos, los dos grupos trabajaron muy bien hoy y empezaron producciones que compartiremos la semana que viene.